Cyber day

Todo el mundo se vuelve loco, es como una enfermedad contagiosa; hoy es más fácil, se puede hacer desde la casa, en un computador de la oficina, desde el celular; nuestros ruts y números de tarjeta ya están registrados previamente, es cosa de hacer clics y llenarse de viajes a destinos soñados, de artefactos electrónicos de la más amplia gama, ropa, muebles, bicicletas autos de un modelo más nuevo. Es hora de comprar, o más bien de seguir comprando, en la vertiginosa moda del cyber day.

Es el país que hemos construido y el que -al parecer- más nos acomoda, una sociedad construida desde el consumo y para el consumo; desde la voracidad vacía del mal, del cambio permanente: de auto, de celular, pero también de conversaciones, de amistades y afectos sinceros y profundos.

No se trata de estar en contra del progreso ni de la satisfacción personal que produce la búsqueda del bienestar individual; todos queremos mejor acceso a bienes y servicios, y gracias a la industrialización y la tecnología, en general la humanidad ha visto facilitar sus medios de transporte y comunicación, acceder a mejor alimentación y vestuario, tener Internet y ser parte de una revolución cultural aún difícil de dimensionar para quienes todavía la estamos viviendo, sin embargo, cuando todo es consumir, cuando el día de la madre no es si no hay un regalo en el centro comercial o nos volcamos a las redes internáuticas en estos días para comprar algo que en general no necesitamos, pero que viene a satisfacer un sentimiento de carencia material o de no pertenencia a una cultura donde la marca, el prestigio, la clase, son superiores al beneficio buscado o al atributo específico de un artefacto, de un bien específico, que produce bienestar.

Pero toda esta vorágine no sería tal si, como si fuera poco, nuestra economía no girara en torno al consumo, a la renovación permanente de artículos de una programada de inaceptable obsolescencia industrializada; pero los sueldos son bajos, la mediana en Chile está cerca de los 500 mil pesos mensuales, un poco superior al ingreso promedio de los chilenos, que, sabemos, oculta una cifra aún más baja en la mayoría disimulada por la riqueza de un puñado de personas más ricas. Es decir, un contexto ciudadano con altos niveles de consumo y endeudamiento, sueldos bajos, bajo nivel cultural, y además en un país donde debemos pagar por todo, por una educación pública pero precaria, por un transporte caro y disfuncional, por una salud que no se puede dar el gusto de atender enfermos, y por un sistema previsional que castiga a los pensionados, en definitiva, un cóctel tan peligroso que no sólo no nos permite dar un salto hacia adelante en desarrollo e innovación, qué decir en pretender construir un país y una identidad cultural que nos permita competir con cierta dignidad en el intercambio económico y cultural de la globalización, si no apenas a poder vivir a medias, medios depresivos medio cansados y medio endeudados con nuestro propio destino social.

Vivimos un sistema político económico para las élites, para un país dividido desigualmente entre un acotado estándar europeo (aunque más conservador, ignorante y arribista) y una importante masa de clase media empobrecida con alta capacidad de endeudamiento y acceso a bienes de consumo que hace 30 años no soñaban.

A lo anterior le sumamos una televisión pública (y privada) que hace de la reiteración de las imágenes de violencia, un leitmotiv en sus matinales, alimentadas por conversaciones necias, sin matices, de maniquíes, famosas y futbolistas, con temáticas alimentadas de su propio protagonismo frívolo y chabacano que tanto gusta a la gente; no hay otro cine que el de los de superhéroes y cabritas, otra música que la que se decide en Florida o las Vegas, otro arte que el grafiti impostor.

El cyber day, que como toda siutiquería comercial, es un anglicismo para satisfacer necesidades aspiraciones de compra, cuando no, sentirse parte de un mundo que aparece en televisión y al cual -con tarjeta- también puedo acceder. No hay límites para el consumo, ni tampoco para las gigantografías y la verborreica publicidad que inunda hasta los rincones íntimos de mi teléfono los domingos en la tarde, los grandes lienzos que penden de los edificios, enormes pantallas led encandilando el tráfago de las calles y avenidas, el volumen superlativo de los spots de televisión prometiéndonos valores y afectos asociados a marcas de múltiples colores, periodistas radiales disimulando frases comerciales en sus comentarios noticiosos. No hay salud, el Chile del retail ha venido a reemplazar los espacios generosos de la conversación inteligente, del buen gusto, de la modestia, de la cultura, del bien común sobre el individualismo atroz, del sentido ciudadano, de la paz social, del respeto y la tolerancia, de vernos a todos como iguales en derechos y oportunidades, de reconocernos seres de un destino común.

A las faldas del Manquehue y a la derecha de Dios Padre

Ayer el hijo del presidente hoy el del ministro de economía. Qué nos extraña, si esto siempre ha sido así. Siempre ha sido así para ellos. Es normal; estuvieron siempre rodeados de contactos, de redes, de pitutos, de élites… sus vidas giraron en torno a las clases privilegiadas, cuyos futuros estuvieron siempre pavimentados, desde la cuna o desde la sangre que corre por sus venas.
“…cuando era la rata el último peligro
de las tierras encarnizadas,
se asomó el vizcaíno con un saco,
el Errázuriz con sus alpargatas,
el Fernández Larraín a vender velas,
el Aldunate de la bayeta,
el Eyzaguirre, rey del calcetín.
Entraron todos como pueblo hambriento,
Huyendo de los golpes, del gendarme”. *

Ahí están desde siempre, primos, tíos, abuelos, padres y colegios caros, aunque más que caros, exclusivos, para juntarse con los suyos, no con los “otros”; universidades de élite de cartones bien impresos, empresas top para reencontrarse con los viejos compañeros de colegio o de los mismos clubes, de los mismos barrios de las mismas fiestas; y así en los directorios, es lógico, es normal, qué tiene de malo si siempre ha sido así, no hay maldad, no lo necesitan, están puestos donde siempre han estado, lucran con su sola posición, sobre pétalos de rosa el camino antes de sentarse en la mesa con los chinos y el papá presidente, antes de licitar millones de dólares a instituciones de gobierno en el gobierno de su familia, de sus tíos y de sus primos, de su gente, de la gente que siempre conoció.

Si pues, si el país es de ellos, desde antes, desde el principio: las carreteras, los bancos y los balnearios; los medios, los sillones del congreso, las butacas de la ópera, los asientos del tedeum, quizás si hasta los sacerdotes mismos. De ellos, las acciones, las utilidades la historia triunfante de la clase de la oligarquía, de la aristocracia, de ellos la tierra, las minas y el ferrocarril; y los mares, la pesca y las líneas aéreas. Ponen y deponen presidentes, si acaso ellos mismos no están en la papeleta, el soborno y el cohecho, las platas de las empresas descontando impuestos para financiar la cultura de ellos, la caridad de ellos, con una mano dan almuerzo en Navidad a los niños del puente y con la otra despiden a los padres de esos niños de la fábrica, le mezquinan el sueldo y le dan cajas de comida para el dieciocho, con zanahoria y garrote funciona la economía, inflan sus bolsillos y acrecientan su poder. Por eso es normal, es lógico, no hay maldad; por eso no hay conciencia, se hace, no más, se suben al vuelo, se sientan en la mesa, viajan a Europa, el ministro va a Harvard con las lucas del ministerio, no necesita hacerlo, pero es lo normal. Es lo que siempre se ha hecho, como diría la vocera “no hay nada más que comentar”, ¿cómo se nos ocurre, que desubicado somos? Como si fuera fácil sentarse en la mesa con la jerarquía del PC chino a cargo de la economía más grande del mundo a conversar de tecnología, como si cualquiera pudiera hacerlo; pero de verdad, ellos no saben que no cualquiera puede hacerlo. Pobres.

Pero hablan de meritocracia por eso quieren que las escuelas y los liceos seleccionen, para que los “otros” se junten como un rebaño de desvalidos a compartir su pobreza intelectual y no contaminen a los elegidos, a los puros, a la raza que dará sus frutos en este país de oportunidades que creen en el mérito, en el mérito de sus propios e individuales esfuerzos, pero también en el de sus padres y su cuna, su nombre y su estirpe, su herencia europea estampada en su apellido.


Ahí están, como diría de nuevo el vate, adquiriendo orgullo, comprando en el mercado negro, adjudicándose…
haciendas látigos, esclavos,
catecismos, comisarías,
cepos, conventillos, burdeles,
y a todo esto denominaron
santa cultura occidental.*

El ethos portaliano lo preferiría denominar país en orden, un país ordenado desde arriba; no desde la democracia ni la participación, menos desde la equidad y la igualdad de oportunidades, sino desde un modelo impuesto a la fuerza por la fuerza del dinero, una fe impuesta a sable, metralla y engaño por la fronda decimonónica de la cual es heredera parte de nuestra clase política actual, aquella que con naturalidad y desenfado, transita entre Casa Piedra y la CEP, entre Lota y Suecia, entre El Bosque y el Club Hípico, a las faldas del Manquehue, a la izquierda de Dios Padre y a la derecha de Bellavista.

*Canto General, Pablo Neruda

Mágica vinculación dorada

Entre el 2 de marzo y el 28 de diciembre de 1959, es decir exactamente hace 60 años, en pocas cuadras a la redonda en Nueva York, tres ingenieros de sonido grabaron los que quizás sean los mejores discos de jazz de la Historia. No es una coincidencia, es el corolario de un proceso creativo continuo que significó que al final de esa década, algunos de los más grandes artistas de la música sincopada y de improvisación dieran un vuelco a todo lo que se había compuesto e interpretado antes, para crear un nuevo sonido y refundar el jazz como quizás hasta ahora lo conocíamos.
Es una historia centenaria que marca una inflexión ese año en dos o tres estudios de grabación transformando la herencia del viejo jazz, del be bop, del cool, de las corrientes subterráneas del blues negro de Luisiana, en una nueva música que se funde en una dinámica universal de sonoridades del mundo, estructuras armónicas más complejas, haciendo una metamorfosis del hard bop al modalismo, impulsando la tercera vía con un John Lewis que exploró la música europea: Bach, Varese y Stravinski; una búsqueda donde Miles Davis fue el líder sin quererlo; luego Coltrane y su africanismo, su orientalismo, su misticismo trascendente anticipándose a Acuario; Bill Evans con su frágil y persistente rítmica; luego las metrópolis, Los Ángeles, Manhattan, y Filadelfia; los suburbios, el funk, el rock, el año que Teo Macero abrió todas las compuertas, aparecieron Bob Dylan y Paul Simon, Reed y Cohen, Clapton y McLaughlin. Los Beatles con el pulso del bajo, con Rhodes improvisando sonidos frágiles en el teclado eléctrico. Ornette creando nuevas etiquetas, los quintetos endemoniados de los sesenta dejando correr el agua de la sabiduría.
Entre marzo y abril Miles Davis grabó The Kind of Blue, para muchos -para mí también- el disco más importante de la historia; entre mayo y diciembre John Coltrane hizo los propio con Giant Steps; el 22 de mayo, Ornette Coleman grabó The Shape of Jazz Become y dio aún más libertad a las escalas; el heredero natural de Duke Ellington, Charles Mingus, grabó nada menos que dos joyas entre mayo y diciembre, el Ah Um y Mingus Dinasty, ambos indispensables para comprender el bop actual, la furia de la orquesta, el bajo como líder; después de Navidad, Bill Evans, el blanco pianista del contrabajo imprimió los surcos de Portrait in Jazz, y el cuarteto de Dave Brubeck, con ese aterciopelado saxo alto de Paul Desmond, el famosísimo Time Out.
Son siete discos, grabados en 300 días, lo mejor de lo mejor, los más grandes nombres del jazz moderno, cada disco un universo completo de guiños, de insinuaciones y propuestas, de rincones luminosos y de conexiones sagradas. Cada uno vale su escucha y estudio, para descubrir qué dorado hilo vincula tan mágicamente estas obras maestras de 1959.

  1. Dave Brubeck Time Out.* Prod: Teo Macero. Ing: Fred Plaut; NYC Columbia. Grabado en 25-jun-59/18-ago-59
  2. Miles Davis Kind of Blue. Prod: Teo Macero. Ing: Fred Plaut; NYC Columbia. Grabado en 02-mar-59/22-abr-59
  3. John Coltrane Giant Steps. Prod: Nesuhi Ertegun. Ing: Tom Dowd, Phil Iehle; NYC Atlantic. Grabado en 04-may-59/02-dic-59
  4. Charles Mingus Mingus Ah Um . Prod: Teo Macero. Ing: Ray Moore; NYC Columbia. Grabado en 05-may-59/12-may-59
  5. Ornette Coleman The Shape of Jazz to Come. Prod: Nesuhi Ertegun.Ing: Bonus Howe; NYC Atlantic. Grabado en 22-may-59/22-may-59
  6. Bill Evans Portrait in Jazz. Prod: Orrin Keepnews. Ing: Jack Higgins; NYC Columbia. Grabado en 28-dic-59/28-dic-59
  7. Charles Mingus Mingus Dinasty. Prod: Teo Macero. Ing: Fred Plaut, Ray Moore. NYC Columbia. Grabado en 01-nov-59/13-nov-59